Agitada en los alrededores de su principal acceso en esta edición por la huelga de los taxistas madrileños, la Feria Internacional de Turismo (FITUR) echa el cierre. A pesar de las dificultades que en esta ocasión se han multiplicado para llegar a IFEMA, un año más, y a pesar de tantos inconvenientes generados por un conflicto ajeno a la propia organización y al evento, la presencia de expositores y visitantes ha resultado, una vez más, un éxito. FITUR se ha consagrado junto a Londres y Berlín como el gran escaparate anual del turismo, se ha consolidado como una de las tres grandes citas del calendario de ferias.

Ahora bien, no todo son alegrías y optimismo, no han faltado las incertidumbres. A pesar de que se proyectaba un ambiente general, en las conversaciones con buena parte de los empresarios del sector se percibía una cierta preocupación por los interrogantes que abre el futuro inmediato, dudas que no miraban tanto a Reino Unido, por el impacto que pudiera tener en el turismo británico el Brexit, como al enfriamiento que se está produciendo en el otro gran país emisor: Alemania.

La recuperación, especialmente de Egipto y de Turquía, es la principal causa de que el turismo alemán esté disminuyendo su interés por Canarias. En este punto, cabría preguntarnos si la Administración y los empresarios turísticos han hecho todo lo que debieron hacer en los mágicos últimos cinco años que ha tenido el sector.

Los datos de crecimiento de la llegada de turistas a las Islas del último quinquenio, los niveles de ocupación y el gasto turista/día han superado con creces los pronósticos más optimistas. Súmese a ello los ajustes salariales y de plantilla producidos bajo el paraguas de la crisis económica que afectaba a la economía global para concluir que los beneficios empresariales han estado muy por encima de cualquier previsión. ¿Ha revertido la Administración y los empresarios turísticos parte de los beneficios obtenidos en estos esplendorosos cinco años en apuntalar la competitividad del sector? La respuesta es no; al menos, no en la proporción que se había tenido que haber hecho.

El turismo es el sector económico mejor posicionado para seguir creciendo en las próximas décadas en el mundo. En la medida que las personas van mejorando su calidad de vida y su economía, el siguiente paso es invertir en viajar. La oferta turística en el planeta es diversa y muy competitiva. Canarias, por su clima, su biodiversidad marina y terrestre, la calidad de sus infraestructuras, la seguridad, la calidad de sus aguas y de su cielos, por estar libre de huracanes y desastres naturales, es uno de los lugares más atractivos para el turismo en el mundo y por eso recibimos más de diecisiete millones de visitantes.

La situación geográfica y la naturaleza que tanto nos perjudica para desarrollar otras actividades económicas, nos compensa como paraíso para desarrollar la actividad turística. Por lo tanto, las condiciones nos las ha dado la naturaleza y somos nosotros los que debemos aprovechar la potencialidad que nos da la misma para poder generar actividad económica y bienestar a la gente que aquí vive.

Reinvertir parte de los beneficios obtenidos en mejorar la competitividad del principal soporte económico del Archipiélago es una obligación, sino legal sí moral del sector turístico. La renovación de los espacios públicos y, especialmente, la renovación y modernización de la planta hotelera y extrahotelera, así como de las zonas comerciales, es inaplazable y debe ser un objetivo estratégico del conjunto de las administraciones públicas y de los empresarios. La renovación integral de las zonas turísticas, la calidad en el servicio y una adecuada política para promocionar y mejorar la presencia de Canarias en nuevos países emisores -que atenúe la gran dependencia de los mercados tradicionales- es la mejor medicina para combatir la inquietud e incertidumbre mostrada por algunos empresarios en FITUR.